Mi madre lo hacía

Porque todo el mundo sabe que las madres lo saben todo, y lo arreglan todo.
Luego pasa el tiempo y consigues que ese pánico se diluya, y ya por fin eres independiente de verdad, o eso piensas…y llega un día en el que decides meter tus zapatillas en la lavadora, algo a lo que hasta ahora no te habías atrevido, pero recuerdas que tu madre, lo metía todo ahí, zapatillas, botas, zapatos, bolsos… y todo quedaba perfecto, reluciente e impecable, como recién comprado, y si tu madre lo hacía, es que eso se puede hacer, da igual lo que digan las instrucciones de la lavadora, así que yo adulta e independiente me dispuse a meter por primera vez mis zapatillas en la lavadora y aquello empezó a sonar como una procesión de Semana Santa, las suelas pegando a lo bestia contra el tambor…no pasa nada, mi madre lo hacía.. del centrifugado ni os hablo, acabó y…¡¡¡error fatal!! mis zapatillas no parecían como nuevas, parecían mordisqueadas por una jauría, pero ¿qué ha pasado? mi madre lo hacía…
Luego llega otro día, en el que te lanzas y te compras unos pantalones de vestir, de esos que llevan una raya muy bien marcada, y que hasta ahora no lo habías hecho porque no te sentías capaz de planchar esa raya diabólica para que quedase perfecta, pero dices, sí, mi madre ponía el pantalón de lado y con un pañuelo encima pasaba la plancha y la raya quedaba perfecta, ¡yo también puedo!, y allí estaba yo con mi plancha, con mi pañuelo y con la raya mirándome y me lancé con empeño una y otra vez pase la plancha con ímpetu y…error fatal!!! aquellos pantalones tenían como 3 rayas diferentes y ninguna estaba recta, ¿pero cómo es posible?, he seguido todas las instrucciones que recuerdo…mi madre lo hacía.
» y si tu madre lo hacía, es que eso se puede hacer, da igual lo que digan las instrucciones.»


Y ya prefiero no contaros mis experimentos culinarios intentando emular a mi madre…comida quemada!…error!!! debe ser que el horno de mi madre tiene otra potencia…
Y luego están las sábanas blancas que por algún motivo a tí nunca te quedan blancas y van «ganando» color y se convierten en amarillas, pero ¿por qué? ¿qué hago mal? si igual que en el anuncio uso exactamente el mismo detergente que mi madre, la misma cantidad, todo igual, ¿por qué a mí no me quedan blancas? vale, asumiré que mis sábanas son amarillas, pero…¿por qué por más que las planche, con mi súper plancha ligera de última generación, nunca me quedarán tan lisas como cuando lo hace mi madre con su plancha de cinco toneladas? («ya no se hacen planchas como esta»..claro, mamá porque las mujeres de ahora no somos tan forzudas como tú).
Y no hablemos de las costumbres, que quedaron arraigadas como una marca de fuego, si tu madre planchaba la ropa interior tú también lo harás, si tu madre compraba unas toallas de algodón egipcio mezclado con persa porque son las mejores toallas del mundo, tú las comprarás aunque tengas que encargarlas en una tienda del mismo Cairo y aprender a hablar árabe para comunicarte con el tendero (cómo me gusta esa palabra «tendero»)…paraos un momento y pensad todas las cosas que hacéis heredadas de vuestra madre.
Conclusión: no tratéis de imitar a vuestras madres, es inútil y peligroso no lo intentéis hacer solos en casa, y si sois tan aventurados de hacerlo, y esto es importante NUNCA sin su supervisión, aunque sea telefónica.
Los dependientes me miran raro y piensan que estoy loca, porque llevo un tiempo preguntando en las tiendas ¿cuál es la plancha que pesa más? y me contestan incrédulos ¿querrás decir la que pesa menos?, y yo no, no la que pesa más…¡qué sabrás tú (señor vendedor experto en planchas) lo que es una buena plancha!…lo dice mi madre y se acabó la discusión. Tendré que llevar muñequera por las lesiones causadas, pero mis sábanas serán las más lisas o moriré en el intento…
Gracias mamá, te quiero.


