cita con la manicura

En el día a día casi no queda tiempo para la improvisación. Vamos con cada minuto previamente programado. La manicura está apuntada en la agenda desde hace 3 semanas. No es fácil, porque es una cita que tiene que cuadrar perfectamente con el resto de las actividades insertadas minuciosamente en el calendario del mes.
Por fin llega el día… ¡¡¡menos mal!! ya tienes unas uñas que no te permiten mandar un WhatsApp de corrido ni teclear el ordenador y temiendo que salten en cualquier momento con cualquier actividad cotidiana.
La cita está previamente sincronizada con la hora de salida del trabajo y el autobús que te lleva al centro de estética. No hay ningún dato al azar que no esté previsto anteriormente. Y zas!! Cuando llega el momento de irte pitando… sale tu jefe del despacho y como depredador que huele a su víctima te mira y dice…¿No te ibas, verdad? Necesitamos este informe actualizado para mañana por la mañana. Ah! No te dije que había reunión a primera hora…
«La cita está previamente sincronizada con la hora de salida del trabajo y el autobús que te lleva al centro de estética. No hay ningún dato al azar que no esté previsto anteriormente».


No puede ser!!! Tu compi te mira con cara de… ¡ya te lo dije! ¡Si es que eres gafe! ¿No sabes que siempre que tienes manicura al día siguiente hay reunión? ¡Qué las planifican con tu calendario!
¡¡¡Otra vez no!!! ¿Y ahora cuándo voy? El jueves..no tengo dentista con la niña. El viernes tampoco…no hay hueco. El sábado… imposible te toca subir a la sierra a comer con los suegros.
Tu agenda no da abasto y tus uñas no se detienen. Entras en pánico. Y te dices a ti misma #nomedalavida.


